miércoles, 24 de marzo de 2010

edificio imaginario no. 1

En medio de cualquier lugar, preferiblemente uno prosaico y corriente, reposa esta forma. Hablo de forma porque es lo único que es. Forma pura, sin partes ni relaciones entre ellas. Es, en estricto sentido, un único "algo" - bloque, masa, forma de nuevo.
Es especialmente hermoso este edificio, cuando logro imaginármelo cilíndrico, cúbico, esférico; rematando un eje vial, o coronando las cabezas gachas de la arquitectura más triste.
¡Ah, qué bello sería ver esta maravillosa explosión, apareciendo de repente, como de las profundidades infernales, para purificar por medio de deslumbrante cuterización el tejido enfermo y adiposo de un pedazo de esta pobre, pobre ciudad!
¡Qué hermosa sería su caída de cuerpo celeste, sobre las miserias congeladas de una arquitectura estática!
Sí, el edificio imaginario no. 1 vuela. Se detiene en el aire, justo antes de caer, o levita tranquilo inmediatamente después de brotar de la tierra. Vuela, repito, a pesar de su enorme peso. Compacta, esta gema monstruosa se sostiene en el aire, bien sea reflejada sobre el espejo del movimiento (agua), bien posándose lentamente sobre un oscuro cojín de sombras (aire y tierra, al mismo tiempo).
El negro, los reflejos y la transparencia absorben toda la luz del entorno, y la concentran en una superficie previa que anticipa la llegada de este, el objeto por excelencia.
Enfatiza su caracter divino el color excepcional. En mi imaginación, este edificio siempre es dorado. Evidentemente, hablo aquí de un trozo de sol, o de una bola de fuego.

martes, 9 de marzo de 2010

domingo, 13 de diciembre de 2009

Kseniya Simonova




"La base de la ciencia no es la definición, sino aquello que es preciso saber de antemano para constituir la definición."


Johann Heinrich Lambert, en carta a Immanuel Kant, fechada de noviembre de 1975

lunes, 30 de noviembre de 2009

Rembrandt - "el filósofo meditando" (1632)

domingo, 29 de noviembre de 2009

sábado, 28 de noviembre de 2009

atletas

Algunos tienen naturalezas explosivas. Sus músculos, poderosos y grandes, responden a estímulos sinápticos fulminantes. Como relámpagos, agotan distancias cortas en instantes; como truenos, producen intensas expresiones que duran, acaso, segundos.

No duran mucho, empero - no resisten. Aún jóvenes, su poder se agota; su lustre declina y su éxito desaparece. Cien metros son suficientes para ellos - metas cortas, digo.

Otros, por el contrario, tienen músculos largos que a cambio de potencia permiten el constante flujo de oxígeno entre las fibras. Es verdad: no producen el impacto deslumbrante del velocista, pero logran milagros maratónicos, proezas de paciencia y longitud casi increibles.

Ambos caracteres aplican a atletas y artistas (o arquitectos) por igual.

Los primeros concursan, aspirando a coronar la cima de la gloria tras realizar esfuerzos puntuales que los lleven rápidamente a la meta inmediata. Los segundos pasan horas corriendo, sin siquiera imaginar la cercanía de la cinta que indica el final del camino.

Unos corren. Otros hacen carrera.